Nuevas Potencias para el Señor de la Oración en el Huerto por su 75 Aniversario

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POTENCIAS PARA EL SEÑOR DE LA ORACIÓN EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS

Descripción formal

La potencia parte de un pequeño friso de circonitas, a partir el cual se articulan dos racimos de uvas, realizadas con pequeñas piedras o rubíes, entre cuyos racimos se contiene un pequeño tondo. El mismo está circundado por una cenefa de roleos que contienen en su interior un pequeño relieve, coronado por una espiga. De este núcleo inferior parten cinco haces de rayos planos, separados entre sí por seis rayos flamígeros. La característica principal de estas potencias residirá en el uso de los mencionados rayos planos, no existentes por el momento en ninguno de los juegos de potencias del Señor de la Oración en el Huerto de los Olivos.

Descripción icono-teológica

La parte inferior de las potencias será la que contenga la carga iconográfica mayor, usándose racimos de uvas y espigas, y tres tondos que representarán las potencias del alma.
Las uvas y espigas hacen alusión al sacramento de la Eucaristía, centro de la vida litúrgica de la Iglesia, y en el que todos los católicos somos partícipes por el Santo
Sacrificio de la Misa. Recordemos que el titular principal de la Hermandad es Jesucristo realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.
En los tondos estarán representados en la potencial central, la zarza ardiendo, en cuyo centro aparece escrito el tetragrama (יהוה ), cuatro consonantes del hebreo que traducimos por YHWH (Yavhé) y que significan “Yo soy”. De esta manera se representa a Dios Padre, como nos cuenta el capítulo 3 del Éxodo en el que Moisés pregunta a la zarza en llamas, y la voz (Dios) le responde: “Yo soy el que soy”. En la potencia izquierda aparece el cordero místico virtiendo su sangre en el cáliz, que representa a Dios Hijo, y en la potencia derecha, la paloma con sus alas extendidas, como habitualmente se representa a Dios Espíritu Santo.
¿Por qué cada una de las personas de la Trinidad en las potencias?
Según la tradición de la Iglesia Católica, los tres resplandores que se colocan sobre la cabeza de Jesucristo representan las tres facultades del alma humana, que son: la memoria, la voluntad y el entendimiento. San Buenaventura, en su obra Itinerarium mentis in Deum, nos explica como las tres facultades del alma se relacionan con las tres personas de la Santísima Trinidad:
“Y si consideramos el orden, el origen y la virtud de estas potencias, el alma nos lleva a la misma beatísima Trinidad. Porque de la memoria (DIOS PADRE) nace la inteligencia (entendimiento) como prole suya (DIOS HIJO), pues entonces entendemos cuando la similitud, presente en la memoria, reverbera en el ápice del entendimiento, de donde resulta el verbo mental; y de la memoria y de la inteligencia se exhala el amor (voluntad) como nexo de entrambos (DIOS ESPÍRITU SANTO). Estas tres cosas -mente generadora, verbo y amor- están en correspondencia con la memoria, inteligencia y voluntad, potencias que son consubstanciales, coliguales y coetáneas compenetrándose mutuamente. Siendo, pues, Dios, espíritu perfecto, tiene memoria, inteligencia y voluntad, tiene, asimismo, no sólo su Verbo engendrado, sino también su Amor espirado, los cuales se distinguen necesariamente por producirse el uno del otro, no por producción esencial ni por producción accidental, sino por producción personal. Considerándose, pues, el alma a sí misma, de sí misma como por espejo se eleva a especular a la santa Trinidad del Padre, del Verbo y del Amor, trinidad de personas tan coeternos, tan coliguales y tan consubstanciales que cada una de ellas está en cada una de las otras, no siendo, sin embargo, una persona la otra, sino las tres un solo Dios.”
Por ello, la potencia central representará la facultad de la memoria, vinculada con Dios Padre, la potencia izquierda la facultad del entendimiento, vinculada con Dios Hijo y la potencia derecha la facultad de la voluntad, vinculada con Dios Espíritu Santo.
Puesto que todos los elementos de los que se sirven las Hermandades y Cofradías, deben, para evangelizar, contener un significado concreto que ayude a los fieles a
comprender el misterio de la Salvación, que mejor que las potencias del Señor nos vengan a representar lo que realmente significan, huyendo de artilugios y decoraciones innecesarias.