Celebración de la Función Principal en el Domingo de Pasión. 29 de marzo de 2020.

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Monición de entrada

Hermanos, hoy es Domingo de Pasión, uno de los dos días grandes para una Cofradía junto con la Estación de Penitencia. Hoy nos sentimos más unidos que nunca y nos reconocemos hermanos ante nuestros Sagrados Titulares. Declaramos que creemos en los Dogmas de la Iglesia, nos sentimos cerca de nuestros sacerdotes, obispos y del Santo Padre. Recibimos a los nuevos Hermanos. Y todo esto, a pesar de la pandemia, vamos ha hacer HOY JUNTOS.
Las circunstancias nos impide estar en la iglesia de nuestras Comendadoras de Santiago, vernos, sentirnos, compartir y abrazarnos, pero no va a impedir que unidos en nuestras casas, con nuestra familia, nos veamos cómo una Gran Hermandad. Recemos para que este mal acabe, tenemos que creer en el poder de la oración. Os pido que paremos nuestra rutina y nos dediquemos un momento a nosotros mismos. Vamos a pensar que estamos delante de nuestras Sagradas imágenes, y vamos a leer cada uno con sentimiento y devoción las Sagradas Lecturas. Haremos la Oración de los fieles y rezaremos la Oración que nuestro Señor nos enseñó. Con la mirada puesta en la Madre de Dios de la Amargura, caminemos todos, sintiéndonos Hermandad.

Primera Lectura

EZEQUIEL 37, 12-14

Esto dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor: os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que Yo el Señor lo digo y lo hago. Oráculo del Señor.

Palabra de Dios. Te alabamos Señor.

Salmo responsorial

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Segunda Lectura

ROMANOS 8, 8-11

Hermanos: los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu Santo habita en vosotros. El que no tiene el espíritu de Cristo, no es de Cristo.

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Si el espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios. Te alabamos Señor.

Saluda de nuestro Consiliario

Queridos hermanos. La palabra evangélica nos muestra a Jesucristo lleno de amor, hasta las lágrimas, por sus amigos. Él nos enseña a vivir con los hermanos y a sentir que su vida ha de ser apreciada y querida por nosotros. El amor es lo que vence el pecado y hace resucitar a los muertos. Siempre muy unido a todos vosotros. Dios os bendiga

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Juan 11, 1-45.

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su
hermana, había caído enfermo. (María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó
los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro). ]
Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo:
—Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo:
—Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios,
para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba
enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos:
—Vamos otra vez a Judea. [Los discípulos le replican:
—Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?
Jesús contestó:
—¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de
este mundo;pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.
Dicho esto añadió:
—Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo.
Entonces le dijeron sus discípulos:
—Señor, si duerme, se salvará.
(Jesús se refería a su muerte;en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.)
Entonces Jesús les replicó claramente:
—Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para
que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:
—Vamos también nosotros, y muramos con él. ]
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de
Jerusalén: unos tres kilómetros;y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para
darles el pésame por su hermano. ] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a
su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
—Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que
todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo:
—Tu hermano resucitará.
Marta respondió:
—Sé que resucitará en la resurrección del último día.
Jesús le dice:
—Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;y el
que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
¿Crees esto?
Ella le contestó:
—Sí, Señor: yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al
mundo.
[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:
—El Maestro está ahí, y te llama.
Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque Jesús no había entrado
todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que
estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la
siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba
Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
—Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. ]
Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y]
muy conmovido preguntó:
—¿Dónde lo habéis enterrado?
Le contestaron:
—Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
—¡Cómo lo quería!
Pero algunos dijeron:
—Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera
éste?
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa.)
Dijo Jesús:
—Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
—Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.
Jesús le dijo:
—¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
—Padre, te doy gracias porque me has escuchado;yo sé que tu me escuchas siempre;
pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tu me has enviado.
Y dicho esto, gritó con voz potente:
—Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un
sudario. Jesús les dijo:
—Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús,
creyeron en él.

Palabra de Dios. Te alabamos Señor.

Homilía

Oración de los Fieles

Oremos a Dios Padre, por Jesucristo su Hijo, autor de salvación eterna.

Rogamos al Señor, por todos los que, en primera línea están exponiendo sus vidas para acabar con la pandemia, especialmente por los sanitarios.

Rogamos al Señor por todos los cuerpos de seguridad y protección civil y todos los que facilitan que la vida siga.

Rogamos al Señor por todos los enfermos, que la sanación les llegue, y vuelvan a sonreír y mientras, de consuelo a sus familiares.

Rogamos al Señor por nuestras Comendadoras de Santiago, por nuestro Consiliario y por todos los religiosos, especialmente por el Santo Padre Francisco.

Rogamos al Señor por nuestros hermanos cofrades difuntos, y por todos los que han fallecido por esta pandemia, que el Señor de la Oración les acoja en el eterno Getsemaní.

Rogamos al Señor por todos nosotros, que nos proteja, nos guíe, nos consuele y que cada día trabajemos con más fuerza, para ser mejores Cofrades y mejores Cristianos.

Dios Padre nuestro, que salvaste a tu Hijo de la muerte, escucha la oración que te presentamos, como él, en los días de nuestra vida mortal. Por Jesucristo nuestro Señor.
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Recemos juntos un Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Que el Señor, nos conceda la paz, a todos nosotros y a nuestras familias.